Articulo

Actitudes ante la propia muerte

Para poder conocer cuáles son las actitudes más frecuentes que se generan en el anciano frente a la muerte es necesario definir previamente el concepto de actitud. Allport (1935), lo define de la siguiente forma: “Estado de disposición nerviosa y mental, organizada mediante la experiencia, que ejerce un influjo dinámico o directivo sobre las respuestas que un individuo da a todos los objetos y situaciones con que ella está relacionada”. Con lo cual, el conjunto de acciones, de procesos emocionales y cognitivos que lleve adelante el anciano determinará las respuestas posibles ante la muerte.

En relación con las actitudes Barraza y Uranga en una “Guía de orientación para familiares y amigos del adulto mayor en su fase Terminal” consideran que los adultos mayores desarrollan las siguientes actitudes:
una actitud de indiferencia, más propicio de los primeros años de la vejez, donde la persona sigue vinculada al contexto social, económico y hasta laboral, donde el adulto mayor se muestra resistente al tema de la muerte, quitándole importancia a dicho momento, aún no se detuvo a pensar que la muerte podría estar próxima.

una actitud de temor suele ser frecuente en muchos adultos mayores que el balance de la vida no es tan positivo, y desean seguir viviendo para modificar su presente, tratan en lo posible evitar cualquier aspecto relacionado con la muerte, y sus expresiones sólo se orientan a manifestar sus quejas con relación a la vida. Los ancianos al acercarse a la muerte suelen realizar una evaluación de su propia vida, si este balance se inclina desde los positivos, muchos ya están preparados para morir, debido al sentido de trascendencia, distinto es si el balance arroja resultados negativos, es ahí cuando el adulto mayor niega la muerte y surge una actitud de temor.

actitud de descanso, en donde el tema de la muerte es entendido como la culminación del sufrimiento y por ende de la llegada de paz y de tranquilidad, esta actitud está muy presente en las personas que sufrieron de alguna enfermedad crónica.

La actitud de serenidad puede darse cuando el adulto mayor se siente satisfecho con lo vivido y por tanto se siente preparado para la llegada de la muerte. En el material anexo se encontrarán con un video donde se muestra como un adulto mayor procesa su muerte con tal serenidad, al punto tal que finge su propia muerte para lograr reunir a sus hijos que hace tiempo que no se encuentra.

La actitud que desarrolle un AM frente a la muerte depende de múltiples factores:

  • Edad: La edad parece representar uno de los factores más importantes de la actitud hacia la propia muerte. En los intervalos de edad comprendidos entre 65 y 95 años la respuesta predominante es la aceptación de la muerte como algo inevitable. En el intervalo de edad de 85 a 95 años aumenta sensiblemente el porcentaje de aceptación; parece que la inminente proximidad a la muerte puede conllevar un mayor grado de aceptación
  • Estado de salud física y emocional: estos factores tienen una gran incidencia en cómo un anciano percibe la muerte. A mayores complicaciones físicas, el adulto mayor puede incluso desear la muerte, distinto es el adulto mayor que goza de buena salud y calidad de vida que aún tiene deseo de seguir vinculado en la vida.
  • Contexto sociocultural: existen culturas donde el morir es considerado como algo positivo y suelen realizarse largos y festivos rituales de despedida.
  • Relaciones humanas que se han tenido y las que se mantienen con la familia y los amigos, el haber tenido una vida plena de afectos hace sencillo fácil la aceptación de la propia muerte,
  • Creencias religiosas: se ha comprobado que quienes tienen mayor nivel de religiosidad presentan una menor ansiedad ante la muerte, esto es posible debido al apoyo emocional y a que las creencias ayudan a afrontar el miedo. A estos efectos benéficos de la religión habría que añadir el mayor apoyo que reciben aquellos ancianos que pertenecen a una comunidad ya sea religiosa o no.
  • Estado civil: se ha constatado que los ancianos casados muestran una mayor ansiedad ante la muerte que los viudos o los solteros. Quizás esto pueda ser así por la mayor preocupación por la situación tanto económica como emocional en la que pueda quedar el cónyuge una vez que el sujeto haya fallecido.
  • Institucionalización: quienes viven en asilos/residencias manifiestan menor temor a la muerte y actitudes más positivas ante la misma. Pero a partir de los 85 – 95 años estas diferencias se minimizan y aparece un mayor grado de aceptación ante la muerte independientemente de que los ancianos estén institucionalizados o residan con familiares.

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