Articulo

¿Cómo "comer sano" en la tercera edad?

“Comer sano”, no significa comer siempre igual y sin sabor, color ni aroma. Por el contrario, el comer debe ser siempre una costumbre agradable y placentera. Durante mucho tiempo se pensó que las necesidades del geronte eran diferentes de las de los más jóvenes, pero hoy se sabe que no es así. Al igual que ellos, se debe ingerir comida en función de la actividad física que se realice. En situaciones especiales se puede requerir mayor cantidad de nutrientes no energéticos, como vitaminas y minerales, o un suplemento dietético.
Comer bien no es comer poco ni mucho:
Cuando se come demasiado, se engorda, y el sobrepeso no favorece a la longevidad.
La sobrealimentación, es decir la excesiva ingestión de alimentos ricos en calorías, coincide, la mayoría de las veces, con un déficit de sustancias importantes como las proteínas, vitaminas y minerales.
Cuando se come poco, o mal, los músculos se atrofian y disminuye la capacidad de movilizarse y hacer una vida normal. La hipoalimentación, es decir, la alimentación deficiente por inapetencia que en algunos casos se vincula al deterioro psíquico normal, se produce al no cumplirse con las normas dietéticas o al tener una alimentación deficitaria. La carencia prolongada de vitaminas del complejo 8, por ejemplo, disminuye la capacidad de juicio, y debilita las facultades intelectuales.
Comer sano no significa, comer cosas poco sabrosas:
Es imposible separar la noción de necesidades alimentarias con la noción de placer, pero es ilusorio suponer que se pueden modificar costumbres de toda una vida, dado que en la vejez ya ha habido adaptación y equilibrio.
Cuando el organismo no encuentra el número de calorías correspondiente a sus necesidades ni compensación en la variedad de los nutrientes ingeridos, se produce una carencia que puede tener graves consecuencias a mediano o largo plazo.

Comer es una ceremonia que se debe respetar:
La comida es algo absolutamente personal, no sólo en cuanto a la elección de lo que queremos comer sino cómo, dónde, y con quién lo hacemos.
Sentarse a la mesa es todo un rito de importancia.
La preparación, el contacto, el olor, y el sabor de los alimentos son parte del escenario donde se disfruta la comida.
La buena presentación del plato, resulta primordial para que la “comida entre por los ojos”. Una mesa bien puesta, alegre, y colorida, producirá satisfacción y deseos de ocuparla.
Es mucho más saludable un plato bien preparado y presentado que un plato bien lleno.
Es muy importante comer acompañado, de lo contrario recurrir a una buena música.
Se puede preparar una bandeja con los alimentos a ingerir y buscar el lugar de la casa que, por diferentes razones, resulte acogedor y confortable.


Conclusión:
La alimentación debe ser suficiente en cantidad, y equilibrada en calidad.
Una dieta equilibrada, significa comer una gran variedad de alimentos que proporcionen todos los ingresos nutritivos necesarios. Tener una dieta suficientemente rica en calorías para no perder peso. Comer alimentos ricos en proteínas que ayuden a reparar la piel, tener bien el cabello y fortalecer los músculos y órganos del cuerpo.
Tener más de 65 años no significa tener que hacer una “dieta especial”, menos aún si hay buena salud y se realiza actividad física. Se trata de balancear e incorporar algunos alimentos nuevos que puedan ser del agrado de la persona.
La alimentación se integra con una buena higiene de vida, al igual que la actividad física, la actividad intelectual o las buenas relaciones sociales y afectivas.

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