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Cómo prevenir y reconocer un accidente cerebrovascular (ACV) en progreso

El accidente cerebrovascular (ACV) es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad en el mundo. Cada año mueren en todo el planeta 3 millones de mujeres y 2,5 millones de hombres a causa de un ACV. 

El accidente cerebrovascular puede ser de dos tipos: isquémico, cuando se obstruye la circulación de sangre al cerebro; o hemorrágico, cuando se genera una hemorragia en el cerebro a consecuencia de la ruptura de un vaso sanguíneo. El isquémico es el más frecuente, con un 85% de incidencia, mientras que los ACV hemorrágicos tienen una probabilidad de ocurrencia de 15%.

Después del primer año de haber experimentado un ACV, el 18% de los pacientes vuelve a padecer otro y se calcula que 9 de cada 10 personas padecen algún grado de discapacidad posterior al ataque. Entre las secuelas más frecuentes están aquellas que comprometen distintos dominios neurológicos y que afectan la motricidad, la sensibilidad, el habla, el lenguaje, la deglución, la vista, las funciones cognitivas y el ánimo, entre otras. En uno de cada 3 casos las secuelas son graves, por lo que requieren de cuidados especiales y la asistencia de terceros por el resto de sus vidas.

Detectar lo más rápido posible que una persona está transitando una crisis cerebrovascular es fundamental, porque entre más tiempo transcurre desde el inicio del accidente hasta su tratamiento, peor será el pronóstico.

¿Cuándo sospechar que hay un ACV en progreso? A partir de la aparición brusca de cualquiera de las siguientes “5C”: en la caminata, súbita alteración del equilibrio para caminar; ceguera –pérdida repentina de la visión o visión doble-; confusión –aparición de problemas para hablar o entender-; en el cuerpo, sentir un lado débil, dormido o paralizado en la cara, brazo y o pierna; dolor de cabeza muy intenso que no se va con analgésicos comunes.

Ante alguno de los cinco síntomas descriptos, es fundamental trasladar a la persona afectada inmediatamente a un centro asistencial que cuente con servicio de tomografía computada y terapia intensiva.

Para prevenir el ACV, hay que tener en cuenta una serie de factores de riesgo. Los principales son la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y el alcoholismo.

Además, para prevenir un ataque cerebral se pueden llevar adelante acciones concretas: hacer actividad física, sin necesidad de grandes despliegues gimnásticos. Desde caminar de forma continua (por lo menos 4 veces por semana, 40 minutos) hasta realizar alguna actividad física más exigente aportan efectos protectores y ayudan a reducir la presión arterial, la glucemia, el colesterol y el exceso de peso corporal.

Disminuir el consumo de sal y aumentar la ingesta de comidas con alto contenido de potasio y fibras (frutos secos, vegetales y frutas entre otros) también es fundamental, sobre todo porque los accidentes cerebrovasculares de tipo hemorrágico están estrechamente vinculados con la hipertensión. Cuanto mayor es la presión arterial, mayor es el riesgo de ACV: los valores considerados dentro de la normalidad son aquellos menores a 140/90 mmHg (14/9).

No fumar, dado que el tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo del ACV.

Tener diabetes es otro de los factores de riesgo: el 22% de las personas que sufren un ACV en la Argentina padece de diabetes, enfermedad que afecta a un 12,7% de la población.

Controlar el sobrepeso y la obesidad. Algo importante a tener en cuenta, además del Índice de Masa Corporal, es cómo se distribuye la grasa excesiva en el cuerpo. Los hombres que poseen una circunferencia de cintura mayor a 102 centímetros, y las mujeres con una circunferencia de cintura mayor a 88 centímetros están clasificados como obesos abdominales.

Un trastorno que está íntimamente relacionado con los anteriores y que muchas veces no está controlada es la fibrilación auricular: se asocia con un aumento del riesgo de ACV isquémico de 4 a 5 veces. Es el tipo más común de arritmia, y está causada por un problema en el sistema eléctrico del corazón. Los síntomas consisten en palpitaciones y, en ocasiones, debilidad, intolerancia a los esfuerzos y disnea o falta de aire. Durante este cuadro, suelen formarse trombos o coágulos que generan un riesgo elevado de experimentar un accidente cerebrovascular embólico.

Contra el ACV, la prevención. Contra sus secuelas, detectar la crisis a través de sus síntomas y acudir a un servicio de emergencia lo más rápido posible.  

Extraído de: https://www.caeme.org.ar/como-prevenir-y-reconocer-un-accidente-cerebrovascular-en-progreso/

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