Articulo

Duelo normal versus duelo patológico

Como se sabe el duelo no se trata de un proceso rígido, claro y ordenado, sino que está formado por fases que se solapan entre sí y que son una mezcla de emociones y respuestas ante ellas, lo que genera una delgada línea entre la “normalidad y lo patológico”.
El duelo patológico es un resultado del proceso natural de la pérdida, es decir es un mal resultado de la elaboración de la pérdida donde intervienen varios actores y participan un sinfín de factores.

Tanto las reacciones normales de duelo como el duelo complicado son un espectro de síntomas, que nunca se presentan con límites nítidos. A pesar de esto en el Manual de diagnóstico y estadístico de enfermedades de los trastornos mentales (DSM V) logra establecer criterios precisos para su diagnóstico.

En el DSM V el duelo patológico es denominado Trastorno Persistente de Duelo Complicado (TPDC ) dentro de los Trastornos Relacionados con Trauma y Estresores, en la categoría de Otros Trastornos Especificados Relacionados con Trauma y Estresores.

Las personas que padecen TPDC están incapacitadas por la pena, enfocados en la pérdida con poco o ningún interés en otras relaciones o actividades específicas.

El DSM 5 establece los siguientes criterios para el diagnóstico de TPDC:

  • Criterio A: el duelo se debe a la muerte de una persona con la que se ha tenido una relación cercana.
  • Criterio B: los dolientes presentan, por lo menos uno de los siguientes síntomas, casi todos los días y de manera importante: nostalgia o anhelo por el fallecido, preocupación por él o ella, dolor emocional y pena intensa en respuesta a la muerte, preocupación por la forma en la que falleció la persona.
  • Criterio C: La duración de dichos síntomas debe ser de 12 meses por lo menos (en los niños 6 meses). En los pequeños, estos síntomas pueden manifestarse mediante el juego y preocupación de que otras personas cercanas a ellos, mueran también.

Para José Barrio, duelo patológico es el “estado de pena o aflicción por la pérdida de un ser querido, que dificulta notablemente la realización de las tareas cotidianas.”

Tipos de duelos patológicos
Como se vio existen factores y criterios precisos para determinar un duelo patológico, que principalmente están relacionados con el tiempo y la intensidad de las manifestaciones habituales.

A modo de clasificación se mencionan los siguientes duelos patológicos: ✓ Duelo reprimido: aparece enmascarado a través de síntomas físicos como puede ser alguna enfermedad psicosomática o a través de alguna conducta inapropiada que aún no había surgido como puede ser el juego en exceso o consumo de tabaco, etc.

  1. Duelo crónico: es aquel duelo que nunca llega a su fin, su duración es excesiva y nunca se llega a una aceptación total de la pérdida.
  2. Duelo retrasado: en este caso la persona pudo haber manifestado algunas pocas señales en el momento de la pérdida, pero no fueron lo suficiente, las bloqueo o negó a fin de no sentir y de esta manera no sufrir.
  3. Duelo exagerado: la persona experimenta una exageración en la intensidad de los síntomas habituales del duelo, recurriendo a una conducta desadaptativa producto del desborde emocional. Ejemplo, cuando la ansiedad que normal en un duelo se manifiesta a través de ataque de pánico da origen a un duelo patológico exagerado.

Factores de riesgos que responden a un duelo patológico
Se debe tener en cuenta que para que se origine un duelo patológico interjuegan un sinfín de características y de factores aun así solo a modo descriptivo se detalla los siguientes:

Factores personales
Edad: a los niños le es complejo es la elaboración del duelo. ✓ La presencia de trastornos psicológicos y/o psiquiátricos.
Repetidas pérdidas, que la persona haya atravesada pérdidas anteriores significativas
Duelos previos no resueltos.
Exceso de culpa.
No haber logrado despedirse de la persona fallecida.
Relación con la persona que falleció
Sobre-involucración, es decir que entre quien falleció y la persona que queda viva se dio a lo largo de la vida una relación simbiótica, una estrecha interdependencia entre una y la otra. Dónde admitir la pérdida es admitir la pérdida de una parte de sí mismo.
Ambivalente: existía una relación ambigua, contradictoria y hostil transformando la relación en patológica
Factores familiares y sociales
Escasos recursos económicos.
Aislamiento familiar y social.
Mala comunicación entre los integrantes de la familia.
Relaciones complejas entre los miembros de la familia.


Duelo y tratamientos

No debe considerarse al duelo como una enfermedad, con lo cual no requiere de un tratamiento específico de ninguna índole.

Como se vio anteriormente presenta síntomas o reacciones que son propias y esperables por la situación de dolor y sufrimiento que la persona atraviesa. Simon, Stierlin y Wynne afirman que: “quien experimenta una pérdida, inevitablemente sufre. El grado en que lo afecta esa pérdida es variable y dependerá de muchas y diversas circunstancias”. Con lo cual queda claro que toda persona que vivencia un duelo no puede evitar el dolor y el sufrimiento, el duelo en sí mismo trae aparejado sufrimiento que se manifiesta de distinta manera en cada persona. En palabras de Worden, “es imposible perder a alguien a quien hemos estado estrechamente vinculados sin sentir cierto nivel de dolor”.

Es un proceso en el cual quien sufre una pérdida luego de un tiempo logrará por sí sola reacomodarse a la nueva situación, sin poder contar con el objeto querido o deseado, y perdido y seguir viviendo de la mejor manera posible.

El sentido que tiene la consulta profesional es la búsqueda de significados alternativos que hagan más tolerable el dolor, el sufrimiento que parece insuperable, insoportable. Es muy importante afirmar que lo que resulta insoportable del dolor es la ausencia de sentido, o bien de significados que resulten aceptables.

Si el duelo sigue el curso normal y no se transforma en un duelo patológico no es necesario recurrir a un tratamiento psicológico, pero si comienzan manifestaciones que dejan de ser lo esperable para transformarse en señales de alerta es importante y necesario realizar una consulta con el profesional idóneo.

¿Cómo superar el duelo?
A lo largo del cursado se vio lo importante que es el acompañar a un adulto mayor próximo a morir contribuyendo en una muerte digna y en paz tanto para quien muere como para quien acompaña.

Es uno de los requisitos fundamentales para obtener la aceptación de la pérdida el haber tenido la posibilidad de acompañar y despedirse amorosamente del familiar. Quien acompaña queda con una sensación de tranquilidad y paz por haber hecho lo humanamente posible por ese ser querido, de no contar con cosas por decirle o reprocharle, se vive con calma la pérdida cuando se logró transmitir todo lo que se sentía por ese familiar que hoy ya no está.

El ACOMPAÑAR (con todo lo que implica) a un adulto mayor hasta el último momento de su vida va a mitigar el dolor propio de la pérdida, no se podrá evitar sentir dolor y tristeza, “simplemente” facilitará no vivenciar el duelo desde emociones intensas de culpa y enojo.

La persona que está transitando un proceso de duelo deberá en primera instancia asumir que la persona ya no está y no estará nunca más en la vida terrenal; permitiéndole conectarse con sus emociones, sus sentimientos de dolor, de tristeza, no hacerlo puede contribuir a la aparición de un duelo patológico. En segunda instancia deberá aprender a vivir sin esa persona querida, es decir adaptarse a los cambios que vinieron aparejados con la muerte.

Conclusiones
El duelo es la respuesta natural que surge por una pérdida, presenta ciertas manifestaciones cognitivas, físicas y emocionales.

El duelo es un proceso natural y no requiere de terapia psicológica, excepto cuando se acompaña de síntomas o se complica de alguna manera. Cada persona cuenta con las herramientas propias para superar la pérdida dada la capacidad de resiliencia inherente al ser humano y por las experiencias de vida previa.

Lleva un tiempo subjetivo a cada persona lograr la superación y adaptación a la vida, esto dependerá de multiplicidad de factores emocionales, personales, sociales y la relación que se tenía con la persona fallecida.

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