Articulo

Enfermedad terminal persona mayor, fases

Elisabeth Kubler Ross en su libro “Sobre la muerte y los Moribundos, plantea una investigación realizada con personas cercanas a la muerte manifiesta “Le hemos pedido que sean nuestros maestros para que podamos aprender más sobre las etapas finales de la vida, con todas sus angustias, temores y esperanzas. Simplemente, cuento la historia de los pacientes que compartieron estas angustias, esperanzas y frustraciones con nosotros”. A partir de esta investigación se logró conocer las diferentes emociones, temores, angustias, fantasías que atraviesa una persona cercana a la muerte, lo que permitió clasificarlas en distintas fases a fin de poder comprender mejor al enfermo terminal y realizar una intervención más adecuada a las necesidades actuales. Dicha teoría sustenta que el enfermo terminal pasa por distintas fases emocionales hasta aceptar una muerte inminente. La propuesta de Elisabeth ha sufrido en la actualidad una serie de críticas, en relación con que al clasificar el proceso en etapas se le leería estático y lineal donde empieza una fase y termina la otra.
Considero muy rico y oportuno los aportes de la teoría de Elizabeth, teniendo en cuenta que las fases son solo de carácter descriptivas y generales, siempre se debe tener en cuenta las necesidades y características particulares de cada persona ya que cada uno va a transitar el camino de la aceptación de la muerte según sus características personales. Cabe aclarar que no hay tiempo estipulado para cada etapa ni que una es consecutiva de la otra, no es un proceso recto, sino dinámico donde se dan avances y retrocesos, el enfermo puede fluctuar de una etapa a otra. Muchos enfermos terminales pueden comenzar negando su enfermedad y esto llevarles muchos meses, recurrir a distintos médicos porque cree que todos se equivocan o puede pensar hasta que le dan los resultados de otros pacientes hasta que por diversas circunstancias comienza a aceptar su enfermedad y lo vivencia con mayor tranquilidad.
Un enfermo terminal atraviesa las mismas fases que en un duelo (se verán en las clases siguientes) dado que se vivencia un duelo por la pérdida de la salud. En el transcurso de la enfermedad terminal el paciente tiene que decir adiós a muchas partes de sí mismo que hasta hacía poco eran totalmente normales, así como despedirse de toda una serie de roles que ya no es capaz de desempeñar. Desde la pérdida de sus capacidades físicas y cognitivas, el paciente va experimentando la pérdida de control y todas las amenazas y miedos asociadas a tal vivencia; por esta razón el cuidado y la atención psicológica orientada a mantener la dignidad y la autonomía del paciente hasta el fin de sus días, contribuirá al logro de una mayor aceptación de tales pérdidas. El adulto mayor está más entrenado en la aceptación de las pérdidas que una persona más joven, con lo cual le puede ser más sencillo la aceptación de un diagnóstico terminal sabiendo que la muerte le es un escenario cercano e inminente.
Se analiza a continuación estas etapas con relación al recibir la noticia de enfermedad terminal siguiendo el modelo propuesto por Elisabeth Kubert Ross.
Etapa 1: Negación y aislamiento
Ante la confirmación del diagnóstico de la enfermedad surge la reacción “tiene que haber algún error”, la negación va acompañada de pruebas contradictorias en busca de un diagnóstico diferencial, el enfermo puede pasar de profesional en profesional buscando que el diagnóstico este equivocado o bien puede que la persona no asista más al médico o no cumpla con las indicaciones, haciendo “oídos sordos” al tratamiento dado.
Tanto negar el diagnóstico terminal como el aislarse del entorno son mecanismos de defensa temporales que se utilizan con el objetivo de “cuidarse” para no enfrentar el presente doloroso e incierto que la persona enferma cree tener. La negación funciona como un amortiguador a fin de hacer más llevadera la situación y menos dolorosa.
Esta etapa es muy frecuente en la mayoría de las personas enfermas, depende mucho de las conductas y de cómo transmita la noticia el médico o profesional tratante, de las características de personalidad, de la historia de vida.
La negación no solo se puede dar en las primeras etapas, si no que muchas veces puede suceder en etapas más avanzadas cuando por ejemplo el tratamiento que se está realizando no da los resultados esperados, la persona puede negar la situación y volver a pensar ¿esto no me puede estar pasando?
Esta etapa suele ser más breve en un adulto mayor que en una persona de menor edad, dado que el anciano tiene la capacidad de ver la muerte como algo cercano.
Cuando estos esfuerzos fracasan, la negación da paso al enojo.
Etapa 2: Ira
Es aquí cuando la negación es corrida y la persona comienza a comprender dando origen a otras emociones como el enojo, ira, rabia y resentimiento. La persona se pregunta ¿Por qué yo o por qué?
La queja comienza a hacerse presente, la persona se queja por ejemplo por tomar medicación, porque los médicos no saben nada, porque no la atienden como corresponde o porque está la luz prendida o apagada. En el anciano con enfermedad terminal la queja toma un lugar primordial, aun así, esta situación se podría modificar solo con prestar atención, escuchar realmente lo que tiene para decir, con solo dedicarle tiempo y afecto. Es muy común que la familia crea e intérprete que el anciano está enojado con algún integrante del grupo familiar, por lo general se toman el enojo como algo personal y directo a ellos, es importante aclarar que este enojo no tiene que ver con algo que hizo alguien en particular, es extremadamente útil desarrollar una actitud de tolerancia y muchas veces aceptar el enojo y la ira, porque su descarga le permitirá al enfermo pasar mejor los últimos días de su vida.
Etapa 3: Pacto
La persona enferma después de haber negado la enfermedad y enojado con todo lo que se le presenta a su alrededor y hasta con Dios su deseo mayor está relacionado con el tener algunos días más de vida y pasar un tiempo más sin dolor y molestias. Para lograr su objetivo y deseos establece una especie de pacto donde cambiar el ser un paciente ideal, que cumple estrictamente con su tratamiento por un par de días “sin enfermedad”. Este pacto se realiza con Dios o según la creencia de la persona, pero es una etapa que siempre está presente, es un intento de posponer aquello que sabe que va a ocurrir. Recuerdo el caso de un paciente que tenía un cáncer avanzado y pronto se casaría su hija, “realizó un pacto con Dios y con la vida” donde él haría todo lo que le indiquen los médicos a cambio de entrar de la mano del brazo de su hija el día de su boda. Y así fue como acompañó felizmente a su hija hasta el altar a pesar de su enfermedad terminal. Detrás de cada pacto se oculta un sentimiento fuerte de culpa, dado que la persona puede sentir que la enfermedad es parte de “consecuencia” por la forma de vida que ha llevado.
Etapa 4: Depresión
Una persona enferma tiene que tolerar muchas pérdidas, sobre todo la de su vitalidad y de salud, lo que luego de negarlo, de enojarse de realizar un pacto para prolongar la vida, la persona atraviesa un profundo sentimiento de tristeza, desasosiego y de desesperanza.
Existen dos motivos por los cuales la persona mayor con enfermedad terminal puede sentir depresión, en primer lugar, se relaciona con las pérdidas de las cosas pasadas, la energía, el trabajo, el rol activo pero la segunda tiene que ver con una depresión preparatoria para la muerte, el anciano sabe que esto va a ocurrir y de alguna manera va sintiendo la pérdida de su vida. A ambas deben ser tratadas de manera diferente, a la primera haciendo ver a la persona que aún quedan cosas por hacer, alentando a que mire los aspectos positivos de la vida pero la segunda se debe hacer todo lo contrario, no se le debe pedir que no esté triste, en breve perderá TODAS sus cosas, a todos sus seres queridos, SU VIDA, con lo cual solo debemos acompañar y permitir expresar esos sentimientos de tristeza y aceptará con mayor facilidad el irse de la vida expresando lo que siente.
Etapa 5: Aceptación
Si una persona pudo atravesar cada una de las etapas anteriores, se enojó con quienes tienen salud, con la vida, hizo el pacto para posponer y disfrutar algo más y paso por sentimientos profundos de tristeza por lo que ya no es pero también por lo que vendrá, la persona llegara a esta fase con la sensación de que su futuro no lo enojara ni lo deprimirá, la persona puede encontrar una especie de paz y tranquilidad pero no hablamos de felicidad, aquí es cuando la persona pasa muchas horas durmiendo porque no tiene más fuerza, distinta de la etapa anterior que puede dormir para evadir la situación. Es esta una de las etapas cuando la persona ya está moribunda, donde ya no desea recibir visitas, estas deben ser cortas y breves, donde quizás el moribundo sólo desea que se queden al lado de él, sentado en la cama sin decir nada, solo con la presencia se le asegura que se está ahí hasta el final acompañándolo
Conclusiones
El enfermo terminal geriátrico, como se describió anteriormente transita las mismas etapas que una persona de menor edad con una enfermedad terminal, no obstante, las etapas hacia la aceptación de la enfermedad y de la muerte son más breves dado que es más sencillo aceptar la muerte para un anciano dado que lo consideran algo natural y esperable de la vida, como se dice en el lenguaje cotidiano “es la ley de la vida”. Por otro lado, el adulto mayor enfrenta la muerte con todo un recorrido de vida transitado donde puede afirmarse emocionalmente y está más familiarizado con la aceptación de las pérdidas. El anciano que cuanto más luche para esquivar la muerte inevitable, cuanto más trate de negarla, más difícil les será llegar a la fase final de aceptación con paz y dignidad. Es la familia, el equipo de salud, pero sobre todo el propio anciano que puede hacer más llevadero el proceso de enfermedad terminal.

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