Articulo

Nutrición en la tercera edad

Modificar hábitos alimentarios en las personas mayores es sumamente dificultoso, porque se acarrean durante años. El cambio debe ser gradual, para que el incumplimiento de las prescripciones dietéticas no sea una constante.
La mejora del estado nutricional en los países desarrollados ha contribuido, junto con otros factores, a un importante incremento de la esperanza de vida.
Hay una relación estrecha entre la nutrición y el estado de salud, no sólo con relación a la mortalidad sino también por su implicación en la prevención de enfermedades e incapacidades para la gente mayor. El mantenimiento de un estado nutricional adecuado es un elemento básico para conservar la funcionalidad orgánica y mental..
La falta de ejercicio físico regular predispone tanto al exceso de peso como al desarrollo de enfermedades reumáticas y a la osteoporosis. Una buena alimentación podría retrasar o controlar el proceso evolutivo de estos trastornos.
Se considerará cada caso en particular teniéndose en cuenta:
Los ancianos suelen cumplir estrictamente las indicaciones de los facultativos que retiran definitivamente de la dieta algunos alimentos.
Influyen también en este punto las creencias populares arraigadas de generación en generación. (Ej.: la carne produce reuma, la sal es mala, el huevo hace mal al hígado, etc.).
Valorar el estado psíquico de cada paciente, el grado de dependencia y el apoyo familiar que recibe.
Valoración inicial: es la que se realizará al comenzar el cuidado del anciano. Es fundamental conocer los hábitos dietéticos, sociales, la medicación que toma el adulto mayor y si hubo cambios en su peso.
Considerar si en el medio en que vive se pueden adquirir los alimentos indicados, lo complejo de la preparación y las condiciones económicas para adquirirlos.
El estado nutricional del paciente en cuestión puede estar alterado por las restricciones alimentarias que imponen:

  • Enfermedades crónicas (orgánicas y psíquicas).
  • Anorexia o hiporexia (falta o disminución del apetito).
  • Disminución del sentido del gusto.
  • Disminución del tono de los músculos masticatorios.
  • Encías inflamadas, ausencia de piezas dentarias o prótesis mal adaptadas.
  • Disminución del poder adquisitivo.

Durante mucho tiempo se pensó que las necesidades de los ancianos eran diferentes de las de los más jóvenes, pero hoy sabemos que esto no es así. Al igual que ellos, deben ingerir comida en función de la actividad física que realizan.
Pero se debe tener en cuenta que en los gerontes el metabolismo basal se haya disminuido y la actividad física es mínima, lo que implica un menor requerimiento calórico. De acuerdo con el Dr. Pupi, entre los 80 y 85 años no se requieren más de 1.600 calorías como promedio por día. Sin embargo pueden requerir mayores cantidades de nutrientes no energéticos, como vitaminas y minerales. De ser necesario, el médico podrá indicar un suplemento dietético.

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