Articulo

Pérdidas en la vejez, elaboración de duelos


Es característico del proceso de envejecimiento el tener que elaborar diferentes duelos. La forma en que cada individuo afronta estas crisis depende del desarrollo de la personalidad previa. Si la elaboración de los duelos no es la adecuada pueden aparecer trastornos afectivos y de relación con los demás.

Tras la muerte de una persona amada:

La reacción inmediata de los que sobreviven es, a menudo, de confusión, incredulidad. No se siente la pérdida, se suspende temporalmente la realidad y el sentido de las cosas.

Esta reacción inicial da paso a una gran tristeza cuando la aceptación de la pérdida penetra en ellos, puede ser seguida de un intento de dar significado a la muerte y de la sensación de que la persona fallecida está todavía ahí.

Al cabo de un año el superviviente puede ser más activo socialmente, al experimentar una sensación de fortaleza al haber sobrevivido.

El superviviente tiene que reconstruir y recuperar su confianza en un mundo donde puede suceder cualquier cosa. Recuperar la confianza en sí mismo y darle un nuevo sentido a la realidad y a la vida. Manejar la interacción social ahora que ha perdido al ser quizá más importante de su vida y aprender a abordar solo problemas prácticos.

La viudez es experimentada por el 75% de las mujeres, la mitad de ellas se quedan viudas antes de los 56 años. La viudez afecta a las personas de forma diferente en función de la personalidad, las circunstancias de la vida y la calidad de su relación matrimonial.

Conocer las fases del duelo permite ayudar a las personas si se identifican patrones anormales de reacción. Las tareas en la adaptación a la pérdida suponen:

  • Reconocer y aceptar la realidad de la pérdida.
  • Emanciparse emocionalmente de las uniones de apego con el difunto.
  • Enfrentarse con la desorganización y adaptarse a un entorno sin el difunto.
  • Reinvertir en una relación tan significativa como la que se ha perdido.

La respuesta al duelo en el anciano presenta a menudo menor emoción pero más síntomas físicos, mayor tendencia a idealizar la pérdida, mayor grado de hostilidad, mayor tendencia al aislacionismo social y más tiempo en las tareas del duelo.

La mayoría se recupera del duelo sin asistencia profesional. El profesional que participa debe ser empático al dolor, entender y apoyar el llanto, enojo, silencio. El facilitador debe aprender a manejarse con la agresividad, mostrar control y no retirarse en situaciones difíciles.

Cómo asumen la jubilación depende de la personalidad de cada adulto mayor, pero en general la salud y la satisfacción con la vida no decaen después de la jubilación. La imagen de uno mismo no cambia drásticamente. Los estudios sobre la jubilación indican que una buena salud e ingresos suficientes son ayudas importantes para lograr una buena adaptación.

Erickson considera la crisis vital de la vejez como el establecimiento de la integridad del yo, que está en relación con la aceptación de la propia vida. La persona que no lo logra, se enfrenta a la desesperación, puesto que ya es demasiado tarde para empezar de nuevo.

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