Articulo

Proyecto de vida en la tercra edad

Extraído de: Curso de Psicogerontología de Gerontologica.com 

Proyecto de Vida en la vejez
Cuando hablamos de un proyecto de vida, debemos considerar que dicho proyecto será revisable y modificable en función de la realidad, inherente a una vida que está en constante movimiento, movimiento que no es optativo y supone cambios biológicos, psicológicos y sociales propios de la vida misma.
A través del tiempo, se evoluciona y experimentan cambios en el cuerpo físico del ser humano. Sin embargo, ya en la cúspide del desarrollo corporal, al llegar a la adultez media o tardía, emergen otras necesidades más profundas y, por qué no decirlo, más humanas; es, tal vez, el período de vida en el que el individuo se aleja más de su naturaleza biológica, para asomarse a otra más espiritual.


¿Cómo elaborar un proyecto de vida?
Para elaborar un proyecto de vida se necesita creatividad y sabiduría, la cual implica poseer un cuerpo con unos determinados niveles de competencia funcional, cognitiva y emocional, y también es necesario tener en cuenta la importancia del uso del tiempo, porque la vida está hecha de tiempo. La creatividad permite abrir un camino propio, sin olvidar que, en muchas ocasiones, el camino auténtico y el verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos. La sabiduría es necesaria para aceptar las cosas que no se pueden cambiar, valentía para cambiarlas, si es posible, y cordura para ver la diferencia.
El proyecto de vida podría condensarse en la elaboración de un camino, pero esto supone iniciar no un itinerario a la deriva, sino un rumbo con una meta que, por ser la meta, a lo largo de la vida, puede ser necesario reorientarse, abriendo otros senderos, nuevas rutas y veredas. Un camino que, de vez en cuando, se perderá en un desierto, donde habrá que buscar una reorientación.


Fases de elaboración del proyecto de vida
Primera fase: conocimiento de sí mismo

El primer camino debe ser el conocimiento de sí mismo, de lo que cada uno es, de su inteligencia y de los modos de intervención; de sus deseos, de sus emociones, y de su control, de la inteligencia emocional.
Conocimiento de la salud, ya que sin ella lo demás no sirve de nada, conocimiento del propio organismo, de la necesidad de la actividad física, del sistema de alimentación.
Una vez que se tiene una radiografía de lo que se es y de lo que se desearía ser, cada uno debe orientarse hacia una meta adaptada a su realidad, sabiendo que en el trayecto, posiblemente, uno de los primeros obstáculos será la tendencia generalizada de querer superar los problemas por comparación con otros sujetos; ahí se basan muchas expectativas de felicidad, olvidando que cada realidad es única e irrepetible.
Cada persona ha de encontrar el sentido de su vida, porque cada cual construye su propio itinerario, y le da su sentido, hasta el punto de que el ser humano está dispuesto y preparado para soportar cualquier sufrimiento, siempre y cuando pueda encontrarle un significado.
Debe uno, pues, conocerse a sí mismo, debe, luego, saber trazar su camino y, de alguna manera, saber también encontrar y manejar la brújula que marque el norte, que señale la meta. El norte, para unos, podría concretarse en la búsqueda de placer; para otros, en agenciarse el poder; para otros, en descubrir la trascendencia, y para más de uno, buscar y buscar, debatiéndose indeciso, para preguntarse siempre: ¿qué es lo que busco?
Llamaremos al destino final como uno quiera: felicidad, autorrealización, elevación, iluminación, darse cuenta, paz, éxito, cima o simplemente final. Todos sabemos que arribar es nuestro desafío. Pero ningún camino es fácil, porque podrá haber mucho de felicidad, pero también aparecerá dolor, por las personas que uno pierde, por las situaciones que se transforman, por los vínculos que cambian, por la propia vida que queda atrás, por los momentos que terminan.
En esa ruta de alegría y tristezas importa no perder el norte, y hacia éste caminar siempre; se sabe que se está en el camino correcto cuando uno se dice a sí mismo que valió la pena. Valió la pena dar la vida por esta o por otra causa.


Segunda fase: conocimiento descontextualizado
Después de conocerse a sí mismo, hay que salir de sí mismo e ir hacia la trascendencia. Para avanzar, el único remedio es el interés constante, la búsqueda decidida, el sentido de la curiosidad, y el de la esperanza.
Se trata de tener la curiosidad, que, unida a la admiración son el umbral del saber. La curiosidad inteligente, es decir para comprender y no sólo para conocer, y la esperanza emprendedora, son las solas virtudes que pueden ensanchar el espacio del ser humano, de ahí su valor y su interés, porque el hombre es importante por lo que es, pero, mucho más aún, por lo que puede llegar a ser, por sus proyectos, por sus metas. En esa línea, se está ante un proyecto individual y, a su vez, ante un proyecto eterno. 

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La Gerontología como ciencia es relativamente novedosa, y su importancia radica en la necesidad de abordar la problemática de la población adulta mayor, que ha experimentado un crecimiento demográfico exponencial. Sumada a este crecimiento poblacional, se presenta la realidad de las personas mayores que, a diferencia de lo que ocurría hasta hace muy poco tiempo, experimentan condiciones de vida mucho más plenas y autónomas. Su objetivo, entonces, no es solo la prolongación de la vida sino que su preocupación es mejorar la calidad de esa vida.

Es por esto que afirmamos que la gerontología debe abordarse como un estudio multi e interdisciplinar que se nutra de los aportes de distintas áreas del conocimiento. La biología, la sociología, la psicología, la antropología, la demografía, la educación, la teología, la arquitectura, y otros campos del saber contribuyen en hacer de la gerontología un campo del conocimiento independiente.

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