Articulo

Rehabilitación geriátrica

La rehabilitación, en términos generales, tiene por objeto la restauración funcional óptima del individuo bajo tratamiento, y su reintegración a la familia, la comunidad y la sociedad por medio de la máxima independencia en las actividades de la vida diaria (AVD), y el logro de un rol social estimable a través de la vuelta al trabajo o actividad equivalente.

Factores Influyentes
En personas de edad avanzada, las implicancias arribas mencionadas atañe a factores que son de primordial importancia en la recuperación:
Deterioro funcional, aparente o real, en diferentes sistemas o aparatos, con reducción de las reservas y la capacidad real en el adulto sano.
Patologías múltiples, que según algunas estadísticas son 3 en promedio: independientes o intrincadas, crónicas, y agudas; las cuales en muchas ocasiones convergen para manifestarse a través de la disminución de la capacidad y de la recuperación en sí.
Acentuación de las características y las creencias personales, individuales y/o étnicas, mediante las cuales valoran en forma diferencial, eventos de la vida diaria, incluyendo la funcionalidad.
Los familiares son casi siempre los encargados del cuidado, quienes enfrentan la realidad de que a mayor discapacidad, mayor demanda de atención, y en consecuencia, mayor sobrecarga en los cuidados directos. Por ello, la atención oportuna disminuye los efectos negativos que aquejan al paciente y su grupo conviviente.
Los términos deficiencia, discapacidad y minusvalía no son independientes, sino que actúan como un paradigma: la deficiencia se produce a nivel del órgano; la discapacidad se manifiesta a nivel del cuerpo del individuo como falla funcional (AVD: vestirse, comer, lavarse, etc.) y la minusvalía es a nivel social, o sea, la capacidad de cumplir un rol de trabajo o similar.


Etapas de la rehabilitación
Primera Etapa: Estabilización del problema fundamental
La estabilización suele ser ilusoria en un anciano con enfermedades múltiples. Así, por ejemplo, la deambulación es una función muy deseada por la mayoría de los pacientes con ACV, sin embargo, caminar con una marcha hemipléjica requiere un gasto energético significativamente mayor que deambular normalmente Para una persona joven, que sobrevive al ACV, este hecho no es tan relevante, pero para los de 80 y más, se convierte en un objetivo difícil de conseguir por las patologías coadyuvante.
Segunda Etapa: las complicaciones son mucho más frecuentes en los gerontes
La malnutrición suele pasar desapercibida en los servicios médicos y empeora, conforme se prolonga la hospitalización.
La confusión es también frecuente. La administración de múltiples medicamentos, la privación ambiental y los efectos de la enfermedad, pueden deteriorar las alteraciones cognitivas previas de carácter subclínico.
La falta de elongación de un miembro en un tiempo determinado, produce contracturas que si no se resuelven, pueden imposibilitar la recuperación de toda la amplitud de movimiento.
La ausencia de entrenamiento, que se caracteriza por la pérdida de la fuerza y resistencia, determinada por el reposo prolongado en cama, se inicia a los pocos días, y su recuperación dura muchas semanas.
La depresión es una experiencia casi normal, como reacción ante la llegada de una nueva discapacidad.
Cuando se restringe la movilidad, puede aparecer la incontinencia.
La neumonía suele relacionarse con el reposo extendido, y los problemas de deglución, en casos de ACV.
Las úlceras por decúbito, se desarrollan rápidamente en los ancianos, sobre todo en aquellos malnutridos.
La dependencia psicológica resulta a veces deseada por el paciente, en una relación directa con su situación particular.
El reposo, y especialmente si se trata de un secuelado de ACV o fractura de cadera, en el que se afecta la función del miembro inferior, ofrece el riesgo de una trombosis venosa.
Tercera Etapa: Restablecimiento de la función perdida
La esencia de la rehabilitación consiste en restablecer la habilidad para vestirse, caminar o regresar a actividades de carácter recreativo; a pesar que el trastorno responsable de dicha pérdida no pueda desaparecer, es posible alcanzar una vida independiente, con menos ayuda.
Cuarta Etapa: Facilitar la adaptación a su entorno
Este apartado es también diferente en las personas mayores, ya que muchas de ellas no tienen la facilidad o los recursos necesarios para adaptarse al ambiente, y estos cambios pueden marcar la diferencia entre una vida independiente, o su estadía bajo atención permanente. Existen distintos elementos de ayuda para la readaptación, según las necesidades individuales.
Quinta Etapa: Adaptar el medio ambiente al individuo
Una reacomodación paralela a la anterior, es la del entorno. Así como una persona con una fractura de cadera probablemente aprende a utilizar su andador para deambular, de igual modo habrá que acondicionar el ancho de las aberturas del hogar, para facilitar su acceso.
Sexta Etapa: Fomentar la adecuación familiar
Considerando que casi el 85% de la asistencia está a cargo de los convivientes, y que en su mayoría se trata de cuidadores familiares de edad avanzada, éstos sufren también una gran carga emocional.
No olvidar, que para los mayores es más difícil incorporar nuevos hábitos de vida, resultando casi imposible disfrutar de ella con una discapacidad, y en consecuencia no perciben esperanza alguna sobre su futuro inmediato.

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