Articulo

Transtornos afectivos en la vejez

En los tiempos actuales se ha visto con elevada frecuencia la presencia de alteraciones afectivas, problemática que afecta a tantas personas en todo el mundo y hace que muchos individuos arriben a la ancianidad portando sintomatología predominantemente depresiva, ansiosa o mixta. En ocasiones los síntomas de estos trastornos (ansiedad y depresión) se ven por los médicos en general como propios del proceso de envejecimiento, existiendo un sesgo a la hora de brindar atención a estos problemas de salud mental de los adultos mayores.
Los trastornos afectivos o del estado de ánimo (TEA) tienen una mayor prevalencia, en un año y a lo largo de la vida, en las mujeres que en los hombres mayores. Asimismo, del conjunto de los TEA, los episodios depresivos son, tanto en hombres como en mujeres, los que presentan una mayor prevalencia.

Trastornos de Ansiedad
Los trastornos de ansiedad, son una de las enfermedades mentales más comunes y, en la mayoría de los casos, comienzan en la edad adulta y tienden a cronificarse, con remisiones y recaídas de diversos grados, hasta llegar a la tercera edad. En el anciano, en general, tienen una prevalencia de 5-10%, siendo las fobias sobre todo la agorafobia y los trastornos adaptativos ansiosos los más frecuentes. La APA (1994) define a la ansiedad como . Fundamentalmente de origen intrapsíquico, se distingue del miedo, que es la respuesta emocional a una amenaza o peligro reconocido conscientemente y usualmente externo. Puede ser vista como patológica cuando interfiere con el desempeño normal de la vida de una persona, impidiéndole cumplir sus metas deseadas o subienestar emocional razonable.
La ansiedad puede presentarse como síntoma, síndrome o trastorno y estar asociada a un estado psiquiátrico comórbido (como por ejemplo demencia o depresión) o ser provocado por enfermedades o medicamentos.
Uno de los aspectos más importantes a la hora de determinar si el adulto mayor está padeciendo un trastorno de ansiedad es evaluar si la ansiedad que presenta es propia de un proceso de adaptación a su medio, o si se trata de una patología. En la práctica diaria esta diferenciación no resulta tan sencilla.
La ansiedad normal cumple una función adaptativa, se produce ante una motivación es externa (por un estímulo), y su intensidad es adecuada al estímulo que la provoca (menor expresión corporal) e incita a actuar y a enfrentarse al estímulo o situación amenazante.
La ansiedad patológica se caracteriza por una aprensión aparentemente inmotivada, su motivación es interna, su intensidad exagerada (no puede contenerse) y su carácter desadaptativo, inadecuado al estímulo.
El adulto mayor está sometido a situaciones que pueden ser estresantes. De esta manera, es esperable que surja una ansiedad normal propia que el mismo puede sentir cuando se relaciona con un medio social nuevo o acude a un servicio de salud, o ante cambios en su vida personal o familiar. Pero en el caso de presentar ansiedad patológica, podría desencadenarse un trastorno que altere su vida diaria.
El trastorno de ansiedad lleva a que la persona viva con preocupación y tensión crónica, aunque nada parece provocarlas. No pueden deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es más intensa de lo que la situación justifica. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse, refieren somatizaciones diversas y pueden sufrir depresión.
Las manifestaciones clínicas de la ansiedad en el anciano son similares a las de cualquier grupo etario, si bien tiene sus especificidades. Muchas veces, en el adulto mayor, la percepción subjetiva de la ansiedad no se experimenta o no es comunicada por el mismo, haciéndose más evidentes los síntomas físicos de intranquilidad motora o tensión muscular, así como psicosomáticos. No obstante, existen otros ancianos que comunican su estado subjetivo de ansiedad.
Existe una alta comorbilidad de los trastornos de ansiedad generalizada en el adulto mayor con la depresión, específicamente con la depresión mayor. Las crisis de pánico y los trastornos obsesivos compulsivos han sido señalados en menor medida.

Depresión
Dentro de los trastornos afectivos, es la depresión el trastorno mental con mayor prevalencia en los adultos mayores. Sin embargo, es una de las enfermedades más difíciles de reconocer, diagnosticar y tratar.
Si bien en el proceso de envejecimiento normal se producen una serie de cambios de orden biológico y social que ocasionalmente podrían confundirse con un cuadro depresivo, muchas veces se está ante este trastorno que produce un alto grado de incapacidad y aumenta la mortalidad en la población geriátrica.

El término depresión se utiliza en tres sentidos:
Síntoma
La depresión como síntoma es una afección del estado de ánimo que engloba sentimientos negativos tales como tristeza, desilusión, frustración, desesperanza, debilidad, inutilidad, y puede formar parte de la clínica de otros trastornos psíquicos.
Síndrome
Agrupa un conjunto de síntomas psíquicos y somáticos (tristeza patológica, inhibición, sentimientos de culpa, minusvalía y pérdida del impulso vital) que configura el diagnóstico clínica y psicopatología.
Enfermedad
Configura una entidad nosológica que es definida a partir del síndrome clínico y en la que puede ser delimitada una etiología, una clínica, un curso, un pronóstico y un tratamiento específico.
Causas
Respecto a la etiología de los episodios depresivos en la población de personas mayores, las causas pueden ser múltiples (fisiológicas, psicológicas, sociales y hereditarias). Veamos una tabla resumen de estas posibles causas:

Biológicas
Enfermedades: hiperhipotiroidismo, patologías cardiovasculares, cáncer, dolor crónico, enfermedades crónicas o discapacitantes, insomnio, etc.
Neurotransmisores: cambios en los niveles de dopamina, norepinefrina y serotonina.
Fármacos: antihipertensivos, antiparkinsonianos, tranquilizantes, etc.
Otros: consumo de drogas, alcohol, etc.

Psicosociales
Personalidad: depresiva, con ideas y sentimientos de Inutilidad y desaparición, hipocondríaca, centrándose en forma excesiva en la salud, y exagerando dolencias reales o imaginarias; paranoides, con ideas de sospecha, celos y actitud defensiva.
Baja tasa de refuerzos positivos con ausencia de realización de actividades agradables y reforzantes para la persona.
Alta tasa de castigos o acontecimientos desagradables.
Jubilación, con pérdida profesional y de relaciones con compañeros. Cambios de hábitos y estilos de vida.
Pérdidas de seres queridos.
Dificultades económicas.
Los tratamientos psicológicos proporcionados a los ancianos deprimidos y también a aquellos que presentan trastornos de ansiedad son en gran parte, iguales a los usados para tratar depresión en adultos, dado que diversas pruebas empíricas sugieren que la eficacia de los tratamientos psicológicos es similar en unos y otros.

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